miércoles, 15 de noviembre de 2017

ÁNGELES MORA A (DES)TIEMPO


Hay cosas que se eligen y muchas otras que no. De entre las segundas, ninguno de nosotros elegimos el momento ni el lugar en que llegamos al mundo. Se puede incluso tener la sensación de que todos nacemos a destiempo. Así lo cree, en lo que le atañe, Ángeles Mora. Y así lo cuenta en este poema:



A DESTIEMPO

Nací una nochevieja
del frío de diciembre.
Nervios, carreras en la casa,
vapor de agua caliente,
prisas, lágrimas, gritos,
susurros y pañales.
Las luces de aquel cuarto
se fueron apagando con mi llanto
mientras crecía
el bullir de las gentes por las calles.
Calma adentro y afuera algarabía,
recordaba mi madre como un sueño.

En aquel desajuste
-todo un presagio-
he vivido por siempre.
Fuera del mundo yo,
aquella habitación, aquellos brazos,
aquella cuna.

Llegué muy tarde al año que se iba
y el que venía me encontró dormida.


En ocasiones, los acontecimientos más importantes ocurren en los momentos menos oportunos o, cuanto menos, más inesperados. Nacer en plena nochevieja supone la mayor de las sorpresas. Supone un desajuste, un giro inesperado en el guion previsto. Y, aunque no podamos elegir el momento ni el lugar en que nacemos, estos dos condicionantes (tiempo y espacio) van a determinar toda nuestra existencia. Ángeles Mora lo sabe, y por ello considera este desajuste “todo un presagio”.

Hay una dicotomía esencial para todo poeta, la dicotomía entre mundo interior y mundo exterior. Dos realidades que confluyen en nuestro ser desde el primer aliento. Así, en este poema hay un lógico revuelo inicial en el interior de la casa: nervios, carreras, lágrimas… Mientras tanto, las calles permanecen tranquilas, calma que precede a la tormenta. Posteriormente, mundo interior y mundo exterior intercambian sus papeles: “calma adentro y algarabía afuera”. Ángeles Mora llegó al mundo para llevarle la contraria, para vivir fuera de él. Ángeles Mora nació una nochevieja del frío de diciembre, llegó tarde para unas cosas y pronto para otras (como casi todos, me atrevería a decir). Ángeles Mora nació humana, demasiado humana. Tal vez por eso sea consciente de su condición efímera y accidental. Y probablemente lo seguiría siendo aunque no hubiera nacido en plena nochevieja.

Sin embargo, y sin desdecirme de lo anterior, no me resisto a pensar que hay personas que siempre llegan cuando tienen que llegar: justo a tiempo.

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