viernes, 8 de septiembre de 2017

IDA ELIGIENDO CAMINO


Se elige

Diezmada, desangrada,
cortada en tantas partes
como sueños,
quiero,
no obstante,
ésta y no otra manera
de estar viva;
ésta  y no otra manera de morir;
este sobresalto
y no más la habitual
duermevela.
Como una sombra de uno mismo
o como incenciado fósforo violento.
No hay otra alternativa,
ni más signo de identificación.
No otra muerte.
No mayor vida.

                        Ida Vitale


Hay quien piensa que la vida nos sobreviene, que apenas tenemos margen de elección para vivir como nos gustaría. Hay quien se deja arrastrar por la corriente aunque odie el agua, quien no nada aunque sepa nadar. Ida Vitale no es de las personas que así piensan y actúan. Ida cree que, a pesar de todo, la manera en que vivimos se puede elegir y, de hecho, “se elige” (título de este poema). Eso no implica que las dificultades vayan a desaparecer. Ida es consciente de que podemos acabar desangrados y malheridos si luchamos contra todo lo que nos quiera obstaculizar. Y, a pesar de todo, Ida quiere vivir así. No desea el camino fácil, el de la alfombra roja, el que está cubierto de rosas, el camino despejado y sin aparente peligro. Porque ese no lleva a ninguna parte. Ese no es más que un decorado que alguien nos preparó para tenernos entretenidos y calladitos. Ida elige siempre el otro camino, el de las pasiones, ese que aparece cubierto de zarzas y matorrales por los que hay que abrirse paso a golpe de machete; ese que siempre está plagado de piedras que nos hacen tropezar una y otra vez; ese, en definitiva, que nos mantiene vivos y en forma. El único camino que merece la pena transitar.

Existe un camino fácil y cómodo: el de la “duermevela”. Es el camino de las medias tintas, y ese no sirve en un mundo de extremos como el actual. O estamos despiertos, o estamos dormidos. No hay más opciones. Es preferible dormir cuando haya que dormir y tener los ojos bien abiertos el resto del día. No ser, como dice Ida, una sombra de uno mismo sino un fósforo ardiendo hasta no poder más. La llama que nunca se apaga mientras está viva. Esa es la vida que quiere Ida Vitale, la de las pasiones, la vida intensa. Y, aunque es la alternativa más dolorosa, también es la más gratificante, la más real. Por eso, yo también prefiero ese camino. No el de la vida; el de la sobrevida.



[…] dame, noche, verdad
para mí sola,
tiempo para mí sola,
sobrevida.

(últimos versos del poema “Sobrevida”, de “Palabra dada”, 1953)

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